“No me lo esperaba”, dice Bellamy, de 32 años, acerca de la atención que ha acaparado su relación con Hudson. “Ha sido una sorpresa. Me recuerda a cuando salió nuestro primer álbum; nos encontramos de repente con un aluvión de críticas negativas. Maduras, te dedicas al arte, intentas comunicarte con la gente, y, por primera vez, tienes que encajar las opiniones que la gente tiene de ti. Tuvimos muchos comentarios negativos, fue toda una lección, entender y respetar la opinión de los demás, fueran positivas o negativas. No veo ninguna diferencia entre eso y lo de Hudson, la verdad”.

Destacado estudiante de las teorías de conspiración, Bellamy dijo una vez a un periodista que el 11-S fue un trabajo desde dentro, opinión de la que luego se retractó. Su tratamiento en manos del complejo industrial del famoseo desde luego se relaciona con su visión dramática del mundo.

“En este tiempo he estado cerca de un par de personas que llevan una auténtica vida de famoso”, dice. “Yo lo he evitado totalmente. Es chocante ver cuánto de lo que lees está absolutamente inventado. A mí nunca me ha pasado, nunca he formado parte de ese mundo. La gente se inventa las cosas, de verdad. Cosas que tienden a tener connotaciones negativas. No puedo decir que sea una conspiración. Es sin duda una señal de que la gente quiere rebajar a los demás a un cierto nivel, lo cual forma parte de la naturaleza humana”.

Este hombre, que habla bajito aunque si cabe con demasiada franqueza, nunca será confundido con Bono o Chris Martin. Y aún así, podría decirse que Muse son tan grandes como U2 o Coldplay. Todos nos quedamos boquiabiertos cuando se anunció que iban a tocar en el estadio londinense de Wembley hace unos años, pero fue tal la demanda de entradas que se vieron forzados a añadir una segunda fecha. Cuando su nuevo álbum, The Resistance, salió el pasado otoño, fue directo al número 1 en 16 países, y al número 3 en Estados Unidos. Hasta la fecha, ha vendido la astronómica cifra de 8 millones de copias. No está mal para un trío que, cuando empezaron, fueron desacreditados como vulgares copias de Radiohead.

“Si tratas de ser cool, automáticamente ya no eres cool”, dice Bellamy de la desafortunada relación del grupo con los críticos. “Como ya he dicho, cuando salió nuestro primer disco, recibimos una respuesta muy negativa de la prensa británica, mientras que en Francia nos veían como una nueva banda muy interesante, lo cual nos vino muy bien. Aquello cambió nuestra perspectiva. Muchos grupos se concentran primero en su territorio de origen, pero en realidad a nosotros nos conocieron antes en Francia que en el Reino Unido. Incluso desde el principio empezamos a ir a Italia, Alemania, incluso a Japón. Así que probablemente tenga que dar las gracias a esa respuesta tan negativa que tuvo el primer disco”.

A medio camino entre un disco prog de los 70 y una novela de ciencia-ficción de Ron Hubbard, The Resistance es la quintaesencia de Muse. Una auténtica descarga eléctrica de guitarras, sintetizadores y atronadores ritmos, explota en tus altavoces como la banda sonora del fin del mundo, o al menos el fin del mundo imaginado por Michael Bay. También es una vía para las muchas y, francamente, disparatadas teorías de Bellamy, como dan a entender los paranoides títulos de algunas canciones, al más puro estilo Chomsky, tales como United States of Eurasia (+ Collateral Damage) y Exogenesis: Symphony, Partes 1-3. Sólo Muse podrían bautizar a una canción con el nombre de Supermassive Black Hole y dejarte con la sensación de que te la han vendido barata.

No es que el cantante se haya alejado de los cosmonautas. En el primer single del álbum, Uprising, tiene cosas interesantes que decir sobre la reciente implosión económica del mundo. Contra un telón de fondo de teclados que aúllan y riffs que son como un puñetazo en el estómago, Bellamy urge al oyente a “levantarse y recuperar el control, es hora de que los ricachones tengan un ataque al corazón”. Uno sospecha que no aprobaría el plan de rescate financiero inglés.

“No soy una persona religiosa. La única cosa en la que la religión tiene razón es que la usura es un problema fundamental del sistema bancario mundial”, dice, poniéndose un sombrero de papel de aluminio. “Prestar dinero con intereses depende de que haya un crecimiento económico permanente, y este crecimiento constante sólo es sostenible si los recursos de la Tierra son ilimitados, que no lo son. La Tierra es una fuente de recursos limitada. Por esa razón las leyes de la Física siempre entrarán en juego. La solución es evitar la usura a favor de un sistema en que el prestamista tenga que compartir los beneficios de la compañía a la que están prestando dinero, para que no puedan depender alegremente de los intereses”.

Tan poco ortodoxa visión añade sin duda color al pop rimbombante de Muse, especialmente cuando la banda incorpora a sus shows la locura global de las conspiraciones a través de sus vídeos al estilo Blade Runner. Sin embargo, también han hecho la vida más difícil para Bellamy. Esta semana mismamente, volando a Nueva York, los de seguridad le apartaron para hacerle un prolongado interrogatorio.

“Siempre me echan a un lado cada vez que entro en el país”, suspira. “Me hicieron preguntas durante media hora. Les pregunto de qué va la historia y me dicen que lo mejor que puedo hacer es contactar con la Embajada Británica y descubrir porqué me detienen”.

Seguro que tiene sus propias ideas acerca de porqué es un objetivo. “No sé. He tratado de llegar al fondo de la cuestión. Dicen que es porque tengo dos pasaportes. Vale, todos los de la banda tenemos dos pasaportes. No tiene sentido. Siempre me cuestionan, tanto si voy a trabajar como si no. Una vez me hicieron bajar del avión porque les gasté una broma (en una fila con una azafata, tuvo la ocurrencia de decir que no llevaba una bomba en su equipaje). Esto fue en Inglaterra. Probablemente tiene algo que ver con eso”.

Una de las ambiciones incompletas de Bellamy es sentarse a tomar un té co David Icke, el conspirador de los conspiradores. Además de creer que una pandilla de lagartos llevan las riendas de la política mundial, Icke, anteriormente portero de fútbol profesional, opina que dentro de poco los terremotos partirán a la Tierra en dos y que él es el hijo de Dios. Bellamy, que una vez trató de invitar a Icke a que subiera al escenario en un concierto de Muse para que pronunciara un discurso, sospecha que se llevarían de maravilla.

“Me encantaría conocerle y charlar con él. Muchas de las cosas que escribe están muy, muy lejos, en los límites del periodismo. Me gustaría descubrir qué pensaría yo de él si estuviéramos cara a cara. Si es normal o, ya sabes, si está loco, o ni una cosa ni la otra”.

Hablando de figuras públicas con complejo de Mesías, Muse fueron de gira con Bono y U2 el año pasado. Su tiempo en la carretera permitió a Bellamy conocer de cerca la maquinaria de U2 y le llamó la atención lo que vio.

“Esos tíos tratan muy, muy bien a su equipo. Son muy buenos con la gente que les rodea, tanto personal como profesionalmente, y hay algo que aprender de eso. Tienen un grandísimo equipo de gente detrás. Muchos de ellos han estado ahí veinte años o así. Parecen buena gente, la verdad. Me sorprendió que su energía para ir de fiesta fuera tan grande. Yo habría pensado que cuando llegas a esa edad quizá te relajas un poco. Pues definitivamente no; tuvieron unas cuantas juergas bastante curiosas después de la mayoría de sus conciertos”.

Junto con Francia y Alemania, Irlanda fue uno de los primeros territorios en enamorarse de Muse a gran escala. Grabaron allí su tercer disco, Absolution, en la zona rural de Westmeath, en Grouse Lodge Studio. “Siempre nos ha motivado la locura que te posee cuando estás solo y no hay nada alrededor”, dice Bellamy. “Nuestro primer álbum fue grabado en un estudio con alojamiento en Cornualles, en un sitio muy remoto. Muchos de nuestros mejores recuerdos son de cuando estuvimos en sitios como el estudio de Westmeath, lugares en los que estás aislado de todo el mundo. Algunas bandas lo encuentran raro, creo, porque acabas en plan introspectivo, fijándote demasiado en tu interior. Se autodestruyen porque tienen que enfrentarse a demasiados demonios. A nosotros los demonios nos motivan”.

En Oxegen Muse tocarán por primera vez una nueva canción, un tema típico subestimado llamado Neutron Star Collision (Love Is Forever), de la banda sonora de la próxima entrega de la saga Crepúsculo, Eclipse. Han contribuido a las tres películas. Resulta que Bellamy era fan de la franquicia gótica adolescente y amigo de su creadora, Stephenie Meyer. “Me enteré hace mucho. Stephenie vino a uno de nuestros conciertos en Phoenix, Arizona. Me dijeron que era una novelista increíble. Leí el primer libro y me gustó bastante. La conocí y me dijo, “Me encantaría usar vuestra música en una película algún día”. No pensé que saldría nada de ahí, pero se lo prometí y cuando vendió los derechos se pusieron en contacto conmigo y me dijeron, “oh, parece que le vas a dar algún tema a Stephenie”. Y así fue.

Muse tocan en el escenario principal del Oxegen el sábado 10 de julio.


0 1