Es la mañana del sábado 7 de abril, y el líder de Muse, Matt Bellamy, se prepara para subir a bordo de un vuelo de Heathrow a San Francisco, donde su banda comenzará una gira de tres días por Estados Unidos y México. Cuando el cantante llega a la puerta de embarque, un guarda de seguridad de expresión pétrea le pregunta qué pretende hacer en América.

“Oh, no te preocupes, tío”, responde Bellamy. “No voy a trabajar ilegalmente ni a hacer bombas”.

El guarda de seguridad señala que un aeropuerto no es lugar para chistes. Después de un severo toque de atención, Bellamy se disculpa y le deja seguir su camino. Pero cuando llega a su asiento de primera clase, queda patente que el asunto no está cerrado. El jefe de los asistentes de vuelo del avión se acerca por el pasillo e informa al cantante de que tiene que bajarse del avión. En la pista de despegue le esperan otros dos guardas de seguridad que le escoltan hacia una sala de interrogatorios sin ventanas.

“Me preguntaron todas esas tonterías”, recuerda ahora. “Como, ‘Te gustan los americanos?'”.

Qué dijiste?

“Dije que son bastante majos. [Se ríe] Tienen buenas intenciones”.

Tres días después de este roce con las autoridades británicas, Bellamy está en el backstage del Forum de Los Angeles. El pabellón, con capacidad para 18.000 personas, está extrañamente situado en medio de Inglewood, una gris y monótona zona de delincuencia que se extiende al suroeste del centro de Los Ángeles, notable sólo por ser el escenario de Pulp Fiction, de Quentin Tarantino.

El camerino de Muse está adornado con sábanas de seda cruda púrpura que compraron recientemente en Singapur. Su parafernalia de gira incluye un pequeño piano Kawai MP8, un inhalador de vapor Vicks para protegerse de los resfriados, y un masajeador de piés iSqueeze que el cantante -que huele muy fuerte a bálsamo de tigre porque se ha dado un masaje calmante- intenta enseñarnos, sólo para descubrir que está roto. Además de la típica colección de bebidas alcohólicas, té de hierbas y comida, su cláusula adicional especifica calcetines y calzoncillos (tipo boxer, preferentemente negros, en talla pequeña, media y grande) que puedan ser desechados más que lavados, después de haberlos usado en el escenario. Minimizar la ropa sucia es una prioridad; esta política implica que la camiseta negra de cuello de pico que lleva Bellamy no se cambiará durante los tres próximos días.

El cantante se expresa muy bien y está de muy buen humor, pero todavía parece incómodo en el papel de portavoz de la banda. Hay algo de nerviosismo e inquietud en él, y a veces rompe el contacto visual y aparta la mirada a media distancia cuando habla largo y tendido. Dice que las entrevistas le gustan más que antes, aunque da la impresión de que sólo está ligeramente más incómodo siendo interrogado por Q que por los agentes de seguridad de Heathrow.

“Cuando eres joven tienes esta impresión de que todo lo que dices lo va a leer todo el mundo”, explica. “A medida que me hago mayor me voy dando cuenta de que a casi todo el mundo le importa un pito”.

Antes de este viaje, la banda tocó por última vez hace tres semanas en Nagoya, Japón, y la actuación de anoche en el Bill Graham Civic Auditorium de San Francisco les ha dejado un poco fríos. El altísimo bajista Chris Wolstenholme estuvo vomitando entre los bises debido a una tremenda infección de las vías respiratorias, pero se siente ligeramente mejor esta tarde. El batería Dominic Howard está pensando en darse un masaje.

El concierto de esta noche será el show americano más grande de Muse hasta la fecha. Su anterior visita a Los Ángeles fue el 19 de julio de 2006, justo cuando su cuarto álbum, Black Holes and Revelations, entró en el Billboard americano en el número 9. Después tocaron ante 5.700 personas en el Greek Theatre.

“El tamaño de los conciertos que hacemos es desproporcionado al nivel al que estamos en el aire” (= en los medios), dice Bellamy.

Ésto no es estrictamente exacto. Black Holes and Revelations ha vendido más de 300.000 copias aquí, mientras que su predecesor, Absolution, 2003, ha pasado de la marca del medio millón. El hecho de que en Estados Unidos les lleve Q-Prime, un peso pesado de las compañías de management -que llevan a Red Hot Chili Peppers y Metallica- sugiere que se están tomando muy en serio la idea de romper el mercado americano.

Justo antes de que suban al escenario esta noche, Howard bosteza con una energía nerviosa, y Bellamy se sienta, insistiendo, “No puedo seguir haciendo ésto”. Es una broma continua, pero a veces el miedo la hace parecer genuina.

A pesar de lo teatrero de Bellamy, a Muse les gusta ir de gira. Desde que salió Black Holes and Revelations han hecho poco más. El Forum es el concierto nº 111 de una campaña que comenzó el 13 de mayo en el Radio 1 Big Weekend Festival en Dundee. Ahora la idea es seguir hasta noviembre. A Bellamy le gusta la sinergia que se crea en esos largos periodos trabajando tan de cerca. “La experiencia más intensa es cuando estás metido en un bus durante meses enteros. No tienes espacio para leer un libro, alguien está escuchando música, o tirándose pedos en tu cara o lo que sea. Aprendes a llevar bien todo eso y te conviertes en un raro organismo”.

En lo que llevamos de año la banda ya ha tocado en Australia y Japón, y se han estrenado en Singapur, Indonesia, Malasia, Taiwan, Hong Kong y Corea del Sur. Económicamente, en Asia sólo cubrieron gastos, pero tocaron porque querían explorar un territorio desconocido. “Sólo se convierte en trabajo cuando otra gente toma decisiones por ti”, dice Bellamy. “Mientras lo hagas con tus propias condiciones será divertido”.

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En suelo americano hay, como dice Howard, “mucho besar el culo y dar la mano en el negocio de la música”. Allá donde van tienen que hacer la pelota a las radios para asegurar que ponen sus singles. Normalmente -como es el caso de hoy- ésto implica saludar a los ganadores de concursos antes o después del programa, aunque les han presionado para hacer carreras de karts, jugar al paintball, y, cuando estuvieron en Texas, ir de caza con escopeta.

“Antes nos parecería vergonzoso”, dice Bellamy. “Pensarías, ‘soy un gran músico, no debería jugar al paintball con los fans!’Ahora pensamos, ‘Qué coño, nos echamos unas risas'”.

Hombre de pocas palabras, Bellamy salpica el emocionante concierto de dos horas del Forum con algún que otro “cheers” (“gracias”). La banda actúa bajo pantallas gigantes, el escenario está escasamente decorado con una fila de tubos transparentes de fondo. En principio tenían la intención de meter maniquís en los tubos, como si fueran una especie de úteros cibernéticos, pero Bellamy dice que le parecía de mal gusto. En Plug In Baby caen del techo globos gigantescos.

Al día siguiente quedo con el cantante para comer en el informal, aunque de mucha categoría, Hotel Ritz-Carlton en Marina del Rey, una comunidad costera para los californianos que dan paseos en barca. Después del concierto de anoche se quedó bebiendo con unos amigos en el bar del hotel, hasta que otros huéspedes se quejaron y se les amenazó con una visita del sheriff local. “No sabía que los sheriffs todavía existían”, dice. “Salí rápidamente sobre las cinco”.

Dice que le gustaría sentarse al lado de la piscina si el tiempo fuera mejor, pero su complexión sugiere una fuerte aversión al bronceado. En vez de éso, entramos en el desierto restaurante y nos sentamos en una mesa en un rincón. Bellamy es una persona tímida hasta que empiezas a conocerle, un proceso que probablemente llevaría muchos años. Howard es el que más habla en el escenario, y lee chuletas cuando es necesario llenar el vacío lingüístico. En el Este, sus compañeros de banda a veces sabotean estas ayudas visuales, así que el batería saluda al público diciendo, “Tengo un culo bonito”. Entre bocado y bocado de ensalada de atún, Bellamy considera la pregunta de por qué habla tan poco al público. “Me resulta difícil decir algo sin sonar artificial. La idea de hacer un discurso ante un grupo de gente me aterra más que tocar en Wembley”.

Una semana después de que George Michael se convierta en el acto inaugural del nuevo estadio de Wembley el 9 de junio, Muse tocarán ante 150.000 personas durante dos noches. “Vamos a ser la primera banda propiamente dicha en tocar allí”, anuncia Bellamy con orgullo.

Aparte de inspeccionar las instalaciones el pasado noviembre, sólo Wolstenholme ha estado antes en el estadio, para ver a Inglaterra empatar 1-1 ante Brasil en un partido amistoso hace 15 años. La investigación ha consistido en ver un dvd de la aparición de Queen en 1986 bajo las antiguas torres gemelas. En principio inquieto por tocar en un sitio tan enorme, Howard consultó al batería de Queen, Roger Taylor. “Es una mierda”, fue el veredicto de Taylor. “Todo el mundo está tan lejos, no puedes ver nada”. Howard consideró brevemente esta opinión de experto. “Una mierda? Bien, bueno, lo contrataremos”.

Como siempre, Muse quieren hacer un evento lo más espectacular posible, pero hasta ahora el fastidioso departamento de sanidad y seguridad del Consejo de Brent ha dado al traste con la idea de los helicópteros con focos y los láser, por si acaso alguien se queda ciego. En este momento, una gran pantalla y la banda propiamente son lo único que ha sido aprobado.

Pequeño, alegre y el más sociable miembro de la banda, Howard podría ser confundido con un extravagante repartidor de periódicos, pero no ahora mismo. Ganduleando en una de las dos furgonetas Cadillac Escalade que llevarán a la banda al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles para el viaje de dos horas al próximo concierto en Méjico, tiene una resaca brutal. Lleva gafas de sol de espejo y la capucha de su sudadera verde protegiéndole la cara del fuerte sol. Mientras que ninguno de los miembros de Muse se ajusta al estereotipo de estrella del rock, Howard abraza ciertas tradiciones. Le gusta irse de vacaciones al Caribe y, cuando resulta apropiado, emborracharse.

“Aunque no hago locuras antes de subir al escenario”, dice haciendo muecas. “Sólo después”.

La maquinaria de la gira de Muse está bien engrasada, aunque en ocasiones todavía descarrila. Como recuerda la banda, 2007 no se ha librado del drama. O la comedia.

Australia, 4 de febrero…

Howard: “Estábamos en el Big Day Out Festival. Dije, ‘Hola, Adelaide!’, y Matt se dió la vuelta y dijo, ‘Estamos en Perth, gilipolllas’. Estuvo bastante cabreado conmigo todo el día”.

Indonesia, 23 de febrero…

Howard: “Me tomé una pastilla en Jakarta. Nos recomendaron ir a este club que abría hasta las cinco, así que cogimos un taxi y terminamos en la zona marginal. Estábamos afuera de esta chabola de tejado metálico, había basura por todas partes y gente dando golpes contra la ventanilla del coche. Fue horrible, así que nos fuimos. Después descubrimos que nos podían haber pegado un tiro y luego robado. Quizá robado y luego disparado. De cualquier modo no habría acabado bien”.

Hong Kong, 3 de marzo…

Bellamy: “Había un tío en un bar, un periodista, que iba de Mr. Big: esta es mi ciudad, vamos a estos sitios. Entonces cogió un vaso y lo lanzó. Cayó en la espalda de uno de nuestros chicos de seguridad, Tony. Probablemente no podría haber alcanzado a alguien peor que él. Le tiró al suelo de un puñetazo. Así es la vida, no?

Méjico, 12 de Abril. La banda está de viaje otra vez, de nuevo en una furgoneta negra. Después de la prueba de sonido en el local de esta noche, el Palacio de los Deportes, se sientan en la parte trasera de un Lincoln Navigator para dirigirse al hotel y comer algo ligero. Está sólo a unas pocas millas, pero incluso acompañados por un par de escoltas en moto con sirena, el tráfico atascado hará que el viaje lleve casi una hora seguramente. “Si lo hubiera sabido no habría vuelto”, dice Bellamy. “Una escolta policial para unos espaguetis a la boloñesa es un poco excesivo, no?”.

De hecho, esta medida de seguridad se toma por dos buenas razones. La primera porque abunda la corrupción entre la policía mejicana, y aparentemente esperan que les sobornes. “Se han llevado una parte de nuestro dinero del concierto”, dice Bellamy, “así que les haces trabajar”. La segunda, y más importante: la capital puede ser peligrosa. Abundan los atracos y los secuestros express -llamar a un taxi sólo para que el conductor te lleve a la fuerza al cajero más cercano. Desde el lado positivo, los miembros de los cárteles rivales de narcotraficantes tienden sólo a dispararse o decapitarse entre ellos, y el porcentaje de asesinatos per cápita es cinco veces menor que en Detroit. Para los músicos visitantes, la estadística criminal más alarmante es que dos de cada tres cds vendidos en el país son piratas.

Esta es la primera vez que Muse tocan en Centroamérica. La caótica expansión descontrolada de la ciudad de Méjico es el hogar de más de 19 millones de habitantes, convirtiéndola en el tercer área metropolitana más poblada del planeta, después de Tokyo y Seúl, pero su permanencia aquí es breve y lo que ven de la ciudad es mayormente un vistazo por la ventanilla del vehículo. Incluso desde esta posición de ventaja, la disparidad entre los muy ricos y los muy pobres es evidente. Niños indigentes venden chicles y frutos secos a los coches que pasan, a la sombra de una enorme valla publicitaria de la última fragancia de Paris Hilton, Heiress.

Cuando nuestro séquito llega al hotel en el opulento distrito de Polanco, Bellamy desaparece para pedir pasta. Chris Wolstenholme pide un vaso de agua y se sienta en una parrilla del entresuelo. El bajista tiene mujer y tres hijos en Teignmouth, Devon, y llama a casa dos veces todos los días. Las “dolorosas” facturas telefónicas de cuatro cifras son enviadas directamente al contable de la banda. “Desgravan y eso”, señala. Como corresponde a un padre de familia, Wolstenholme es un divertido espectador o está totalmente ausente cuando se trata de algo más marchoso que unas cervezas.

Howard tiene 29 años; Wolstenholme y Bellamy 28. El cantante ahora vive a orillas del Lago de Como en Italia, mientras que Howard se ha reubicado en Londres, pero, aparte de la geografía, casi nada ha cambiado entre ellos desde que se conocieron en el colegio.

“Obviamente hemos tenido unas cuantas peleas, pero hemos encontrado un buen equilibrio”, dice Bellamy. “Todavía podemos vernos como éramos antes de que meternos en este entorno. Creo que éso significa que nuestra amistad es intocable”.

Aparte de la música, tienen pocos intereses comunes. Todos ellos citan el el vodka con tónica como su bebida favorita, y admiten ser fans de la serie de la recóndita isla Perdidos. Bellamy esquía, Howard hace snowboard. Los dos bucean, pero todavía no lo han hecho juntos. A Wolstenholme le gusta el fútbol -tanto jugar de delantero-centro como apoyar al Rotherham. Les gustaba echarse unas partidas de poker hasta lo que Bellamy describe como “una partida cuantiosa el año pasado”, después de la cual no se hablaron durante tres días. Fue la última vez que jugaron juntos.

El último concierto importante aquí fue el de Coldplay en Marzo. Entre los próximos espectáculos del Palacio de los Deportes se incluyen The Who, Beyoncé e Il Divo en Junio. Esta noche Muse serán animados por una multitud de 18.500 vehementes seguidores durante el show de esta noche. Las barreras de acero que hay frente al escenario normalmente se rompen una noche sí, otra no. Pero esta noche dos de ellas han quedado inservibles por el peso de la oleada de gente.

Después la banda recibe a muchos grupos de ganadores de concursos en su camerino, donde Back in Black de AC/DC es la banda sonora de la firma de autógrafos y las sonrisas para las fotos. Una vez de vuelta en el hotel, Wolstenholme todavía se siente indispuesto y va a acostarse. Bellamy se toma unas copas en el atestado bar, donde Howard alaba el genio cómico de Ricky Gervais y a ratos toca un pequeño tambor que compró antes en una tienda que vende accesorios militares y chalecos salvavidas. “Ésto estará en el próximo álbum”, dice. “Probablemente bastante bajo en la mezcla”.

Son las tres en punto de la mañana siguiente cuando Howard aparece finalmente, empujando tristemente una maleta roja por el vestíbulo del hotel, con capucha y gafas de sol. Wolstenholme -que hizo el equipaje y pagó hace horas- todavía sufre de tos seca, pero es la imagen de la salud al lado de Howard. El batería estuvo en el bar hasta las ocho de la mañana y tiene un aspecto francamente malo. A primera hora el sur de Méjico fue sacudido por un terremoto de intesidad 6 en la escala de Richter, y que hizo necesaria la evacuación de muchos edificios, aunque Howard ni lo notó. En su defensa, los demás tampoco lo notaron.

Sentado en un sofá, picoteando sin ganas unas patatas fritas frías, Bellamy ofrece la típica sucinta evaluación del trabajo de anoche: “Grandísimo concierto. Bien, sí. Estuvo bien”. Es igual de flemático cuando habla de lo perturbador que es actuar ante un estadio de Wembley lleno hasta la bandera, dos veces. “Hacer dos (conciertos) es forzarlo un poco”, dice encogiéndose de hombros. “Es arriesgado. Si uno sale mal… al menos uno de ellos será bueno”.

Podría haber más, pero el tiempo apremia. Las furgonetas negras esperan. Muse deben continuar.

El equipo de Muse

Detrás de toda gran banda hay un gran equipo:

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[1] PAUL SPENCER – Técnico de guitarra.

“El trabajo diario es preparar el equipo de Matt. Para un concierto normal tenemos ocho guitarras, y las toca todas, y luego un par de reserva. Matt es muy mandón, pero éso es bueno -hace que todos estemos a la altura. Haces todo lo posible, no?

[2] DES BROADBERY – Programador MIDI

“Superviso la mayor parte de la electrónica de Matt, y me aseguro de que todo funcione correctamente. Estuve con U2 unos 15 años, y Matt es una de las personas de más talento con las que he trabajado. Sus ideas sobre lo que quiere hacer son bastante descabelladas y excéntricas. Es un reto”.

[3] DOMINIC ANDERSON – Tour Manager

“Teniendo en cuenta hasta dónde han llegado en la vida, son tremendamente sensatos y realistas. Mi preocupación es la situación, intentar llevar este enorme espectáculo y todo un equipo de personas por todo el mundo. Les gusta pasárselo bien en carretera, así que cuando hay tiempo libre organizamos excursiones -vamos a pescar, a esquiar, todo eso. Está genial, pero al final del día lo primordial es el concierto”.

[4] TONY DUNCAN – Jefe de Seguridad

“Mi tarea es organizar la seguridad de la banda, establecer equipos en los conciertos, todo el apoyo logístico de barreras. Son majetes, no quieren parecer fríos -no quieren dar la impresión de que necesitan un montón de guardaespaldas a su alrededor. Éso está bien, pero ha habido situaciones en las que he tenido que intervenir para calmar a la gente”.

[5] STUART QUINNELL – Técnico de Percusión

“Me aseguro de que cuando aparezca Dom su batería esté bien para que esté cómodo. Es como su oficina. Luego la meto en la cama. Hay que cuidar de ella”.

[6] OLI METCALFE – Director de Iluminación

“La iluminación está bastante preestablecida, el video transmite mucho más hoy día. Me encanta trabajar con Muse porque el aspecto creativo está que se sale, por así decirlo. He de decir que probablemente soy uno de los miembros más reservados del equipo. Me gusta tomarme un vaso o una botella de vino de vez en cuando. Buenas vacaciones. Coches rápidos. En éso me gasto el dinero”.

[7] DANNY YEATES – Seguridad de la banda

“Cuido de la seguridad personal del grupo. Si quieren salir, normalmente soy yo el que va con ellos para asegurarme de que llegan a casa sin incidentes. Son buenos chicos. A veces trabajo con The Strokes. Si estuviéramos hablando de ellos podría quedarme aquí todo el día”.

[8] MORGAN NICHOLLS – Teclados / Bajo

“Hago un poco de todo. Rellenar huecos, por decirlo de alguna manera. Algunas partes de teclado son un poco complejas si estás resacoso. No lo haría si no fueran buenos chicos. Ésa es la regla número uno: hay que llevarse bien”.

[9] MARC CAROLAN – Ingeniero de Sonido

“Soy el tío que controla básicamente lo que oye todo el mundo, lo que toca el grupo en el escenario y lo que llega al público. Los conciertos de Muse son un poco difíciles, porque todo es muy complicado. Dentro de una determinada canción puedes tener cuatro o cinco modos”.

[10] ADAM TAYLOR – Ingeniero de Monitores

“Me ocupo del sonido para la banda en el escenario, para que puedan oir lo que están tocando. Tradicionalmente eres el primero en la línea de fuego si algo va mal. Mantienes esas relaciones. Si Matthew me echa una miradita ya sé lo que significa”.

[11] TOM KIRK – Director de Medios

“Conozco a la banda y he trabajado con ellos desde el principio. Les llevé a su primer concierto. En la gira, dirijo las cámaras y la pantalla. También hago algunas proyecciones. Tengo cierta reputación de no hacer trabajo físico, lo cual es más o menos cierto”.

[12] SHANE GOODWIN – Técnico de Bajo

“Me ocupo de todo lo de Chris, y de los pedales de efectos, los suyos y los de Matt, para que puedan moverse por todo el escenario cuando están lejos de los pedales. Entre todos montamos el equipo de la banda desde cero, hasta el último cable -cada uno contribuye con lo suyo para que todo esté perfecto”.

[13] PAUL ENGLISH – Director de Producción y Escena

“Básicamente me aseguro de que los camiones lleguen por la mañana, descargar, organizarlo todo y que se atenga a un horario. Después lo desmontamos todo. Tenemos seis toneladas de equipo; es lo mínimo que llevamos. La producción entera son tres trailers repletos. Cuántas luces hay? Dios, no sé. Cientos. Podemos ir y contarlas”.

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