Nunca he tenido que trabajar tan rápido como con Muse. Encontrar una idea, hacer un boceto aproximado, que me lo aprueben, organizarlo, hacer la foto, procesar la película, editarla, retocarla, y terminar una portada, un proceso que normalmente lleva entre 5 y 8 semanas dependiendo de la complejidad, se hizo en aproximadamente 15 días de locura. No me imagino haciéndolo otra vez. Más o menos fue así; Muse querían un cambio de dirección y nos dijeron educadamente que no requerían de nuestros servicios para su álbum The Resistance, deprimente pero razonable. Unas semanas más tarde cambiaron de opinión, y aunque no estaban seguros de la alternativa, nos pidieron que les enviáramos ideas lo más rápido posible, ya que el lanzamiento era inminente. Accedimos con resignación. Cinco días más tarde nos reunimos con ellos en un tren que volvía de Devon, e hicimos la presentación mientras el tren se dirigía a toda velocidad hacia Londres. Fue una buena reunión; se seleccionaron dos ideas allí mismo, al día siguiente se hizo el presupuesto, y se empezó el día después.
Una idea implicaba enterrar a 150 ositos de peluche en un campo (qué malvado). La sesión fotográfica estaba organizada para la semana siguiente, e incluía encontrar unos exteriores y un granjero lo suficientemente amistoso como para permitirnos allanar su propiedad temporalmente, y luego convencer a diez ayudantes para que hicieran el trabajo lo más barato posible, esto es, enterrar y reponer los ositos de forma individual, por no mencionar el hecho de que primero había que comprar los ositos apropiados. Y digo comprar porque hubo que comprarlos, ya que los íbamos a enterrar en la tierra literalmente, a la altura de la cintura. También teníamos que encontrar a un nuevo fotógrafo, porque nuestro querido Rupert estaba de vacaciones. Y mientras, el tiempo fue horrible, y en la banda estaban muy inquietos, algo comprensible, porque estaban muy apurados con su calendario de trabajo, su nueva criatura, el disco en sí mismo, y cómo podría ser acogido internacionalmente. Hicimos las fotos el jueves y viernes siguientes, pero el tiempo seguía siendo horroroso. Era agosto, pero hacía frío y era deprimente. Procesamos la película digital y las diapositivas durante el fin de semana, lo editamos el lunes, lo escaneamos el martes, lo retocamos el miércoles-jueves, y lo entregamos el viernes. El cielo estaba oscuro, pero por suerte el sol hizo breve acto de presencia entre tanta llovizna, e iluminó los ositos, que estaban a contraluz, justo para un par de fotos. Agotador, y eso que sólo lo estoy contando por encima. Agotador, aunque artísticamente satisfactorio, excepto que…

A Muse no les gustó, en realidad, no sé por qué. Dije que medio-enterraría a un montón de ositos de peluche en un campo, y eso es lo que hicimos. Parece que Muse no estaban convencidos, y decidieron usar unas imágenes de la banda. Entonces volvieron a cambiar de opinión; querían una versión ilustrada de los ositos, pero no se decidían, y al final volvieron al primer diseño, aquel que no les convencía en principio. O eso me hicieron creer, porque yo no tenía conocimiento de los detalles reales o de las razones, yo sólo sabía que nuestros queridos ositos fueron “degradados” de portada de álbum a portada de single. Claro, esto nos dejó hechos polvo, desconcertados, porque los ositos tenían el aspecto que pensábamos darles, un poco surrealistas, siniestros y cucos a la vez, incluso tristes, y muy ambiguos, porque podían estar saliendo de la tierra como si fueran zombies, o podían estar siendo sumergidos, enterrados como en un cementerio. Una imagen chocante, si no controvertida, creo, porque los ositos de peluche significan algo para mucha gente distinta. Para mí esta fue, en primer lugar, una idea incongruente, una extraña imagen de la niñez perdida, la llegada de una nueva era, muy cercana a la idea que tenían Muse. El diseño fue relegado a portada de single y no se usó de la manera que pensábamos que se merecía; puedo ver los carteles en mi mente, pero fue muy triste que no fuera la portada del álbum.

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