“Muse? Les conocí cuando se llamaban Gothic Plague”

Cuando empecé en Teignmouth, en el verano de 1990, Matt y Dom llevaban allí 6 meses. Recuerdo oír a Matt tocando la guitarra en un concierto de fin de curso y pensar, “¡Hostias, sólo tiene 12 años!”. Tocaba como un adulto. En el noveno curso, Chris se unió a la banda de Matt y Dom. En aquel momento se llamaban Gothic Plague. Otros chavales se echarían unas risas con sus guitarras, pero ellos se esforzaban tanto, estaban tan decididos, tan preparados…

Tampoco teníamos dinero en la escuela. Era horrible, de verdad: con suerte había un bajo que funcionaba, un pequeño cassette, una batería cutre, no había salas decentes. Pero no les importaba. Simplemente decían, “Profe, podemos ensayar, podemos ensayar?”. Afortunadamente, el departamento de música estaba en un viejo edificio a 200 metros de la escuela principal, así que podían hacer todo el ruido que quisieran. Aquello fue una de esas casualidades de la vida que cambió las cosas para ellos.

Matt y Dom estaban en una clase de una creatividad increíble. Se inspiraban unos a otros. Sólo consigues cosas así una o dos veces en la vida. En una clase normal, si ponía algo que no fuera heavy metal, se quejaban. Con ellos, ponía Chopin o Steve Reich, y les gustaba. En esa clase había también uno que tocaba el oboe clásico. Todo ello creaba una atmósfera muy receptiva. Todavía puedo escuchar esa apertura, esa sinceridad en la música de Muse. A menudo pienso lo diferente que hubiera sido todo si hubieran venido otro año distinto. El hecho de que tuvieran que irse a Exeter a ver conciertos fue también importante; a nivel local no había nada, así que tenían que buscarse su propio entretenimiento.

Nunca estaban satisfechos con sus composiciones, sin embargo. La mayoría de los chavales de 14 ó 15 años, cuando consiguen componer algo, piensan, “Dios, gracias”. Ellos no; siempre querían mejorar, sobre todo Chris. Lo que hacía con su bajo hace 16 años era, literalmente, traspasar límites. Le ponía las mejores notas y le decía, “Chris, esto ya es brillante, no puedo ponerte una nota mejor”. Y él decía, “Pero no está bien”. Tener tal empuje, tal ambición, con esa edad, era extraordinario.

Ahorré para un grabador de cinta multicopista. Era para la escuela, pero en realidad era para ellos, porque sabía que el equipo que teníamos les estaba limitando. Sé que no debería hacerlo, pero les dejaba que se lo llevaran a casa también los fines de semana. Tampoco sabía cómo funcionaba, así que aprendimos juntos. Ese ánimo es muy importante para los jóvenes, y todavía lo veo ahora en la Saturday Music School de Totnes donde trabajo. Les da tal alegría, algo por lo que luchar.

Ver a los tres chavales convertirse en una gran banda fue realmente conmovedor, sobre todo cuando volvieron para su concierto en Teignmouth el otoño pasado. Fui una de las primeras en comprar entradas, pero se pusieron en contacto conmigo y me dijeron que habían reservado unas cuantas para mí. Aquella noche en el pueblo vi a muchos chavales a los que di clase, pero que no veía desde hacía 10 años. Decían, “No es genial, profe, no es genial?!”. Fue genial, sí. Y todavía lo es.

Fuente: The Guardian

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